Para efectos prácticos, el organismo parece haber nacido hace pocos días, con los acalambrantes índices de envenenamiento del aire en el área metropolitana del Valle de México, pero ya desde su nombre, composición y compromiso despierta dudas que, por no ser explicadas, confunden y quizás inciden en su eficacia.
Para empezar: ni la Constitución ni las leyes contienen la palabra megalópolis (que significa “ciudad gigantesca”), lo cual pudiera traducirse en litigios contra sus disposiciones.
Más: de no ser por la totalidad de municipios que cruzan las carreteras que convergen en CdMx, ¿de veras a la capital están fundidos 224 (de los 519 que totalizan esas entidades), y no solo tristes 18 del Estado de México…?