En su mensaje, el Papa evocó las actitudes del fariseo y el publicano, los personajes evangélicos, recordando que el primero “hacía como que rezaba pero sólo para pavonearse frente al espejo” mientras el segundo “se convirtió en un ícono del verdadero creyente” al reconocerse pecador.
Al cuestionarse sobre cuál es la actitud correcta al rezar, sostuvo que “no basta, pues, preguntarnos cuánto rezamos; también debemos preguntarnos cómo rezamos, ¿con “arrogancia o hipocresía?, o, por el contrario, con esa humildad que abre el camino hacia Dios?”.
Recordó que, en tiempos de Jesús, el fariseo asistía al templo y rezaba “estando de pie” y “usando muchas palabras”, su oración era “un despliegue de los propios méritos, con un sentido de superioridad sobre los demás hombres”, incluso “ese publicano”.
“Aquel fariseo reza a Dios, pero en realidad se ve a sí mismo. Reza a sí mismo, en lugar de tener ante los ojos al Señor, tiene un espejo. Aunque se encuentre en el Templo, no siente la necesidad de postrarse ante la majestad de Dios; ¡está de pie, se siente seguro, como si fuera él el dueño del templo!”, explicó.
“Más que rezar, el fariseo se complace de la propia observancia de los preceptos. Sin embargo, su actitud y sus palabras están muy lejos de la manera en la que Dios habla y actúa, quien ama a todos los hombres y no desprecia a los pecadores”, agregó.