Habitantes del barrio de Santo Santiago manifestaron su desacuerdo por el uso comercial que se le da a la capilla de ese asentamiento fundador, ya que sin importar el daño que se le causa al lugar, para determinadas actividades, se usa a criterio del párroco.
Lo que pasó es que en ese templo se llevó a cabo una boda de personas con poder adquisitivo y se colocó un toldo que maltrató los jardines, ya que según dijeron ellos se cobró una fuerte suma por este servicio.
Esto los molestó, porque señalaron que cuando la gente del barrio pide permiso para utilizar este inmueble que es propiedad federal, la parroquia o se los niega o les quiere cobrar mucho.
Comentaron que lamentablemente el párroco Silvestre Aguilar usa a su arbitrio el inmueble al cual no le da mantenimiento alguno, ya que todos los gastos corren a cargo de la gente del barrio.
Indicaron que por ejemplo el pasto lo corta un vecino de manera voluntaria y el arreglo de los servicios sanitarios salió del bolsillo de la gente de este barrio, ya que la parroquia afirma que no tiene recursos para mantener el inmueble.
Recordaron que cuanto se pinta la capilla o se realiza alguna reparación los recursos son aportados por los que residen en esa parte del centro de la ciudad, quienes incluso están gestionando ante el Ayuntamiento, la rehabilitación de las áreas verdes de este sitio.
Dieron a conocer que en una ocasión anterior también se alquiló la capilla para una ceremonia de personas con alto poder adquisitivo y que al estar maniobrando con los toldos, se lastimó parte una aplicación de cantera, la cual no fue reparada por la parroquia.
Como se recordará el párroco Silvestre Aguilar realizó modificaciones en el interior del templo de San Francisco de Asís hace unos años y construyó espacios fúnebres, para alojar restos, previo pago, así como una casa para los sacerdotes.
Durante la realización de los trabajos en ese recinto también propiedad federal no se exhibieron permisos de construcción.
Hace aproximadamente tres décadas se comenzó una intervención en la fachada de dicho templo, el cual se comenzó a pintar de color rosa, pero en esa ocasión el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), detuvo esos trabajos.


